Katrina: Todos tenemos días en los que sentimos ganas de rendirnos. ¿Cómo encuentras la fuerza para seguir adelante en esos momentos? ¿Tienes alguna forma especial de recuperar la inspiración?
Neónila: Claro que esos momentos existen. Al fin y al cabo, trabajamos en el sector de la repostería, y aquí también hay temporadas: épocas de mucho movimiento y otras más tranquilas.
A veces llega un período en el que parece que nadie piensa en los postres. Las fiestas ya terminaron, todos están satisfechos, cansados, y empiezas a sentir que tu trabajo no le interesa a nadie. Y puede ser difícil, especialmente cuando también hay preocupaciones económicas.
Pero en esos momentos se activa otro mecanismo interno. Entiendes que es normal. Que esas pausas también forman parte del camino. Son momentos para crecer.
Hay que aprender a esperar, a desarrollarse, a crear cosas nuevas, experimentar e introducir ideas diferentes. Cuando no te rindes y sigues adelante, la inspiración vuelve.
A veces basta con preguntarte: ¿y si en lugar de preparar el mismo pastel de siempre creamos algo completamente nuevo? La gente se interesa, quiere probarlo, y tú también vuelves a entusiasmarte.
Además, para quienes siguen una alimentación sin gluten, la oferta en las tiendas sigue siendo limitada. Las personas confían en nosotros. Y eso inspira muchísimo.
Cuando alguien te dice: «Con ustedes nos sentimos tranquilos y todo sabe delicioso», resulta imposible rendirse.
Tenemos muchos clientes, y con ellos hemos formado una gran familia basada en la confianza, la cercanía y la alegría compartida.
Katrina: Un negocio no solo implica ingresos; también supone crecimiento personal. ¿Qué ha sido lo más importante e inesperado que te ha enseñado el camino del emprendimiento? ¿Qué descubriste sobre ti misma?
Neónila: Hoy sé con certeza que un negocio no se trata únicamente de dinero. Se trata de crecimiento y de transformación interior.
No me considero una gran empresaria. Más bien siento que encontré algo que realmente me apasiona y me permití jugar con ello. Jugar, pero entregándome por completo.
Me entusiasma pensar qué viene después, cómo puedo seguir creciendo y qué nuevas posibilidades puedo explorar.
Llegué a este mundo casi por casualidad, simplemente porque tuve un hijo con un diagnóstico que cambió nuestra vida. Y ahora todo esto se ha convertido en parte de quien soy.
Este camino me ha enseñado constantemente. Me ha enseñado a ser organizada. A no ser solamente una persona creativa, sino alguien capaz de calcular, planificar, innovar y sorprender, manteniéndose siempre honesta consigo misma y con sus clientes.
Hoy analizo cada situación desde tres perspectivas: la creativa, la financiera y la gastronómica. Porque lo más importante es que el cliente disfrute de algo verdaderamente rico.
Probablemente la mayor lección ha sido dejar de tener miedo.
No tener miedo de llamar a esto mi trabajo.
Aunque, para ser sincera, todavía me da un poco de vergüenza llamarlo «negocio». Siento que sigue siendo una afición maravillosa que me da felicidad... y además me permite vivir de ella.
Katrina: El reconocimiento de los clientes suele darnos energía para seguir adelante. ¿Qué comentario o historia te ha conmovido especialmente?
Neónila: Hemos vivido muchísimas historias divertidas y emocionantes.
Pero hay una que recuerdo especialmente.
Un hombre descubrió que su esposa había comenzado una dieta sin gluten. Después de una discusión familiar, compró absolutamente todo lo que teníamos en la vitrina y fue a reconciliarse con ella.
Más tarde nos contó que, cuando ella vio aquellas bolsas llenas de nuestros productos, se puso tan feliz que ya ni siquiera quiso seguir discutiendo.
Pero los momentos más conmovedores siguen siendo los relacionados con los niños.
Ves a un pequeño sentado, disfrutando de un postre, y observas a su madre completamente relajada. Está tranquila, disfrutando del momento y viendo a su hijo feliz.
Normalmente, cuando un niño tiene restricciones alimentarias, las madres viven con una preocupación constante: ¿será seguro?, ¿le hará daño?
Aquí ocurre algo diferente.
Compran un producto con confianza, se lo dan a sus hijos y por fin pueden descansar.
Ver esa tranquilidad es una sensación maravillosa.
Katrina: Muchas madres emprendedoras dicen que lograr un equilibrio entre familia y trabajo es todo un arte. ¿Cómo consigues armonizar ambos mundos? ¿Tienes algún ritual especial para desconectarte y recargar energía?
Neónila: Creo que tengo una característica muy particular: necesito dormir muy poco. Con cuatro o cinco horas me siento perfectamente bien.
Eso hace que mis días sean más largos que los de muchas personas.
Dedico la primera parte del día al trabajo y, para la hora de la comida, normalmente ya estoy en casa. A veces incluso antes de que mis hijos se hayan despertado.
Intento combinarlo todo.
Tengo recetas prácticas y sencillas, pizzas rápidas, postres que pueden congelarse. Siempre hay algo preparado para los niños o para recibir invitados.
Pero lo más importante es encontrar tiempo para mis hijos.
Ese es mi verdadero ritual.
Eso es lo que me llena de energía.
Me levanto a las cinco de la mañana. Disfruto del silencio, de mis pensamientos, del trayecto al taller cuando es necesario.
Y la segunda mitad del día pertenece a mi familia: los niños, los paseos, el deporte y el tiempo para mí.
No es un truco de productividad. Es una necesidad. Sin eso, simplemente dejaría de ser yo.
Katrina: Incluso las personas más seguras de sí mismas tienen momentos de duda. ¿Te sucede también? ¿Cómo recuperas la confianza?
Neónila: Claro que sí.
De hecho, todavía no me siento completamente empresaria. Más bien siento que apenas estoy comenzando este camino.
Ahora mismo estoy aprendiendo de todo: contabilidad, marketing, logística, compras, posicionamiento de marca.
Todo es nuevo para mí.
Por eso las dudas aparecen prácticamente todos los días.
Cada día me pregunto: ¿estoy tomando la decisión correcta? ¿Voy en la dirección adecuada? ¿Qué es lo mejor para los clientes?
Las dudas siempre están presentes.
Pero he aprendido a no verlas como una debilidad, sino como parte del crecimiento.
Analizo, consulto, comparo opciones y tomo decisiones.
Cuando tienes un negocio, tu mente nunca se desconecta por completo.
Quizá esa sea una de las características más curiosas del emprendimiento: incluso durante las vacaciones sigues pensando en él.
Katrina: Tu experiencia puede servir de inspiración para muchas personas. ¿Qué consejo sincero darías a una mujer que, como tú en su momento, desea transformar una dificultad personal en un proyecto útil para los demás?
Neónila: Si tienes una idea que puede ayudar a otras personas —a madres, niños o familias— y sientes que realmente es necesaria, simplemente empieza.
No tengas miedo.
Hazlo.
Todo lo demás llegará después.
Si existe una necesidad real, también aparecerá el camino para responder a ella.
Lo más importante es atreverse.
Katrina: Para cada persona, el liderazgo tiene un significado diferente. ¿Qué representa para ti?
Neónila: Para mí, el liderazgo es, ante todo, responsabilidad.
Responsabilidad por mí misma, por mi familia, por mi negocio y por la confianza de las personas que me eligen.
Es la capacidad de tomar decisiones y asumir las consecuencias de esas decisiones.
Katrina: A menudo el camino nos revela talentos inesperados. ¿Qué descubriste sobre ti misma después de crear tu empresa?
Neónila: ¡Muchísimas cosas!
Nunca imaginé que supiera hornear tan bien. Tampoco que fuera capaz de reunir personas alrededor de una misma idea. Descubrí que dentro de mí existe una fuente inagotable de pensamientos, proyectos y posibilidades. Surge una idea y, de inmediato, empiezo a imaginar cómo convertirla en realidad. Eso me inspira enormemente.
Pero el descubrimiento más importante fue comprender que puedo ser verdaderamente necesaria para otras personas. Y esa sensación me hace más fuerte cada día.
Katrina: Si pudieras regresar al inicio de este camino y encontrarte con aquella versión tuya, un poco asustada pero llena de entusiasmo, ¿qué le dirías?
Neónila: Hay un consejo que me repito casi todos los días.
Ni siquiera necesito viajar al pasado para escucharlo.
Simplemente me digo:
«No tengas miedo».
Sigue adelante.
Haz lo que puedas.
Aprende, juega, crece, explora nuevas posibilidades.
Y todo saldrá bien.
Y hay algo más.
Sé honesta.
Contigo misma, con los demás y con aquello que haces.
Ese es mi principal principio de vida: actuar con honestidad y desde el corazón.
Cuando haces eso, las cosas terminan encontrando su camino.