Katrina: ¿Y después llegó la universidad?
Serguéi: Sí. Estudié en la Universidad Estatal de San Petersburgo, una de las instituciones de educación superior más antiguas de Rusia. El año pasado celebró su 300.º aniversario.
Allí se respira una atmósfera extraordinaria. Estás rodeado de estudiantes brillantes, profesores excepcionales y verdaderos maestros de su profesión.
Cuando uno de tus docentes fue discípulo del académico Iván Pávlov, o cuando tienes la oportunidad de asistir a las conferencias de Tatiana Chernigóvskaya, una de las figuras más reconocidas en el campo de la neurociencia y la lingüística, inevitablemente sientes el deseo de crecer y estar a la altura de ese entorno.
Y después surge algo muy natural: quieres transmitir esa misma motivación a otras personas, especialmente a los jóvenes.
Katrina: Sin embargo, da la impresión de que hoy muchos jóvenes sueñan más con convertirse en influencers que en científicos. ¿La ciencia ha perdido protagonismo?
Serguéi: Las redes sociales tienen ventajas. Desarrollan la rapidez de reacción y nuevas formas de comunicación.
Pero también pueden alejarnos de lo esencial.
Muchos jóvenes efectivamente sueñan con convertirse en creadores de contenido. Y no tengo nada en contra de eso.
Simplemente creo que primero es importante construir una base sólida: desarrollarse en una profesión, adquirir experiencia, generar conocimiento, hacer algo valioso. Y después compartirlo en los medios o en las redes.
Me parece una forma más honesta de comunicar.
Katrina: ¿Cómo evalúa el nivel de cultura científica entre los jóvenes?
Serguéi: Es muy diverso.
A veces resulta desalentador ver videos donde algunas personas no pueden responder preguntas bastante básicas. Pero también hay que recordar que esos contenidos no siempre reflejan la realidad.
Yo conozco a muchos jóvenes de 17, 19 o 23 años que ya participan en proyectos científicos de gran nivel.
Algunos desarrollan startups, otros combinan inteligencia artificial y medicina. Incluso hay estudiantes de secundaria que trabajan con inversionistas, forman equipos y crean soluciones tecnológicas innovadoras.
Y no son casos aislados.
Conozco personalmente a varios de ellos, conversamos y compartimos experiencias. De hecho, hay mucho que aprender de esta nueva generación, y eso me llena de optimismo.
Katrina: Entonces, ¿el rumbo es positivo?
Serguéi: Sin ninguna duda.
La ciencia y la tecnología son actualmente una prioridad estratégica.
En Rusia, la década de 2020 fue declarada la Década de la Ciencia y la Tecnología. Existe apoyo tanto del Estado como del sector privado.
Por ejemplo, recientemente se reactivó el Premio Jristófor Ledentsov.
Ledentsov fue un mecenas ruso de principios del siglo XX que creó una importante distinción destinada a impulsar el desarrollo científico y tecnológico.
Lo interesante es que, a diferencia del Premio Nobel, el Premio Ledentsov apoyaba no solo a científicos consolidados, sino también a proyectos prometedores en sus etapas iniciales.
En su momento, la dotación económica de este premio superaba varias veces la del Nobel.
Respaldó trabajos de figuras tan importantes como Nikolái Zhukovski, Iván Pávlov y Vladímir Vernadski.
Hoy el premio ha sido recuperado y volvió a entregarse a partir de 2021. Aunque todavía no ha alcanzado la dimensión económica de sus mejores tiempos, ya tiene alcance internacional.
Y eso resulta muy inspirador.
Katrina: ¿Considera que Rusia hace menos, lo mismo o más que otros países en materia de desarrollo científico?
Serguéi: Por lo que he observado, al menos no hace menos.
Y en algunos ámbitos, incluso hace más.
He visitado numerosos países asiáticos y puedo decir que no existe un modelo perfecto. Todos enfrentan desafíos.
Lo importante es que en Rusia hay un movimiento constante hacia adelante.
Se están destinando recursos importantes a la ciencia, se construyen nuevos campus universitarios y centros de investigación, y se celebran regularmente grandes eventos científicos, como el Congreso de Jóvenes Científicos en Sochi.
Katrina: ¿Dónde se encuentran actualmente los principales polos de crecimiento científico?
Serguéi: Naturalmente, muchos de los grandes centros científicos están ubicados en ciudades de más de un millón de habitantes.
Sin embargo, también existen institutos y laboratorios de primer nivel en distintas regiones del país.
Allí se desarrollan proyectos avanzados en medicina, inteligencia artificial, robótica y otras áreas estratégicas.
Portales especializados como Nauka.rf publican información sobre becas, programas de apoyo y oportunidades profesionales.
Además, existen medidas concretas de respaldo para jóvenes investigadores: residencias universitarias, ayudas para vivienda, certificados habitacionales e incluso apartamentos para científicos menores de 35 años y doctores menores de 40.
Es un sistema de apoyo real y vale la pena hablar más de ello.
Katrina: Pero viviendo fuera de Rusia casi nunca se escucha hablar de estas iniciativas.
Serguéi: Exactamente.
Con frecuencia vivimos dentro de una especie de burbuja mediática donde solo vemos una parte de la realidad, generalmente la más negativa.
En redes sociales abundan titulares como «los científicos se marchan» o «nadie apoya la investigación».
Mientras tanto, en Rusia existen excelentes institutos, profesores extraordinarios, startups innovadoras y centros científicos donde trabajan jóvenes sumamente talentosos.
Simplemente, muy pocas personas cuentan esas historias.
Katrina: ¿Quizá falta una mejor estrategia de comunicación?
Serguéi: Sin duda. Y es un problema importante.
Tenemos logros, pero no siempre sabemos comunicarlos.
Tomemos como ejemplo el Centro Nacional de Investigación en Epidemiología y Microbiología Gamaleya, donde el académico Andréi Guintsburg y su equipo desarrollaron tanto la vacuna contra el melanoma como la célebre Sputnik V.
La velocidad de respuesta fue impresionante: seis meses de trabajo frente a los dos años que normalmente requeriría un proyecto similar.
O pensemos en Yuri Oganesián. Bajo su liderazgo se descubrieron seis nuevos elementos químicos durante el siglo XXI.
Uno de ellos lleva su nombre: el oganesón. Otro, el moscovio, fue nombrado en honor a la región de Moscú y al instituto donde se realizaron las investigaciones.
Ese es un nivel de reconocimiento científico mundial.
Katrina: ¿Cuáles cree que serán los próximos grandes avances científicos?
Serguéi: La biotecnología y la inteligencia artificial.
La IA ya está transformando profundamente la medicina.
Hace poco me impresionó una aplicación capaz de detectar caries a partir de una simple fotografía de la sonrisa de una persona.
También existen sistemas que analizan radiografías con una precisión superior a la de muchos especialistas.
Y no hablamos de ciencia ficción.
Son soluciones reales que ya están funcionando, algunas de ellas desarrolladas en Rusia.
Reducen el factor humano, aumentan la precisión y aceleran los diagnósticos.
Katrina: Entonces, ¿Rusia realmente se encuentra entre los líderes en estos ámbitos?
Serguéi: Sin duda.
Rusia ocupa posiciones destacadas en inteligencia artificial, tecnologías de la información y energía.
Por ejemplo, Rosatom desarrolla centrales nucleares únicas, impulsa tecnologías radioisotópicas para el diagnóstico y tratamiento del cáncer y participa en proyectos internacionales en Turquía, Egipto y otros países.
El problema es que no hablamos lo suficiente de estos logros.
Hoy no triunfa únicamente quien crea una tecnología, sino también quien sabe comunicarla al mundo.
Y ahí todavía tenemos mucho trabajo por delante.
Katrina: Todo esto suena impresionante. Pero ¿estas tecnologías estarán realmente al alcance de la población o seguirán siendo herramientas reservadas para unos pocos?
Serguéi: En Rusia, sin duda estarán al alcance de la población.
De hecho, muchas ya lo están.
Por ejemplo, el Departamento de Salud de Moscú utiliza sistemas de inteligencia artificial capaces de interpretar tomografías y radiografías con niveles de precisión cercanos al 98 o 99 %.
Para comparar, los mejores especialistas humanos suelen alcanzar entre un 88 y un 90 %.
La diferencia es considerable.
Y esto tendrá consecuencias importantes para muchas profesiones.
Es posible que en el futuro la especialidad de radiología cambie radicalmente, con sistemas automatizados realizando gran parte del análisis inicial.
Katrina: ¿Existen áreas en las que la inteligencia artificial nunca podrá sustituir a las personas?
Serguéi: Por supuesto.
Todo aquello relacionado con la creatividad, la originalidad y la capacidad humana de aportar algo único.
Los científicos, los docentes y los médicos seguirán siendo indispensables.
La inteligencia artificial no es una competidora; es una herramienta.
Por eso estoy convencido de que todos deberíamos aprender a utilizarla al menos a un nivel básico.
Es algo parecido a lo que ocurrió con las redes sociales.
Quienes comprendieron su funcionamiento tuvieron más oportunidades de crecer profesionalmente.
Lo mismo está ocurriendo ahora con la IA.
Katrina: ¿Y usted la utiliza en su trabajo?
Serguéi: Constantemente.
La utilizo para preparar presentaciones, redactar artículos y desarrollar guiones para videos.
Antes podía tardar cinco o seis horas en crear una presentación. Hoy puedo hacerlo en una hora y media.
La inteligencia artificial resuelve el problema de la página en blanco. Propone estructuras, ideas y puntos de partida.
Después uno adapta, corrige y añade su propia experiencia.
Es como un árbol de Navidad: la estructura ya existe, pero cada persona coloca sus propios adornos.
Katrina: ¿Y los niños deberían usar inteligencia artificial? ¿No es demasiado pronto para herramientas como ChatGPT?
Serguéi: Es una pregunta compleja.
Todo depende del equilibrio.
Algunos padres se preocupan porque sus hijos utilizan la IA para absolutamente todo y dejan de pensar por sí mismos.
Otros, en cambio, intentan alejarlos completamente de la tecnología.
Yo creo que un niño del siglo XXI debe desarrollarse de manera integral.
Debe saber cocinar un desayuno sencillo, pero también escribir un buen prompt para una inteligencia artificial.
Y quién sabe, quizá incluso crear su propia startup.
Lo importante es encontrar el equilibrio adecuado.
Katrina: Para terminar, si pudiera dar un único consejo a un joven científico o divulgador, ¿cuál sería?
Serguéi: Que encuentre aquello que realmente le apasiona.
No lo que está de moda. No lo que parece prestigioso.
Sino aquello que le habla directamente al corazón.
Y, sobre todo, algo que pueda ser útil para otras personas.
Cuando trabajas en algo con sentido, incluso en los momentos difíciles encuentras fuerzas para seguir adelante.
Porque sabes que tu esfuerzo no es en vano.
Y tarde o temprano, ese trabajo será valorado.