Caetana González: el camino hacia un sueño
Nació en una familia formada por una madre rusa y un padre mexicano. Creció entre tres culturas y habla con fluidez ruso, español e inglés.
Hoy tiene 18 años, vive en Estados Unidos y representa a México en el escenario internacional del patinaje artístico.
Caetana González es una de esas jóvenes deportistas cuyas historias inspiran. Detrás de su sonrisa y de la aparente ligereza con la que se desliza sobre el hielo hay horas de entrenamiento diario, la exigente escuela de entrenadores rusos y una vida dedicada al deporte.
En un país donde el patinaje artístico apenas comienza a ganar popularidad, su trayectoria es un ejemplo de perseverancia, disciplina y confianza en los sueños.
Katrina: ¿A qué edad comenzaste a practicar patinaje artístico y cómo recuerdas tu primera vez sobre el hielo?
Caetana González: La primera vez que pisé una pista de hielo tenía cinco años. En aquel entonces vivíamos entre México y Estados Unidos, y mi mamá me llevó a patinar a Central Park, en Nueva York. Para mí era más un juego que un deporte: el aire frío, la pista, la música… todo parecía un cuento de hadas. En ese momento yo hablaba únicamente ruso y un poco de español. El inglés lo aprendí después, cuando entré a la escuela.
No había entrenadores de habla rusa cerca de donde vivíamos, así que al principio simplemente patinaba por diversión. Incluso una entrenadora le decía a mi mamá: «Que primero aprenda a deslizarse. No tiene sentido pagar clases todavía».
A los seis años ya empecé a entrenar de manera regular, tres veces por semana. Al mismo tiempo estudiaba ballet y asistía a una escuela rusa, así que mi agenda era bastante intensa.
Sin embargo, hasta los nueve años todo seguía siendo más bien un pasatiempo.
El gran cambio llegó cuando nos trasladamos a otra pista de hielo. Ahí comenzaron los entrenamientos diarios, varias sesiones sobre el hielo y también trabajo físico fuera de la pista.
Fue entonces cuando el patinaje artístico entró realmente en mi vida.

Katrina: ¿Hay deportistas en tu familia?
C.G.: Sí. Mi mamá practicó gimnasia rítmica.
De hecho, soñaba con que yo siguiera ese mismo camino. Pero las escuelas de gimnasia estaban demasiado lejos de casa. Ir un par de veces por semana era posible, pero desplazarse todos los días habría sido prácticamente imposible. El patinaje artístico resultó ser una opción mucho más accesible. Al principio me parecía que cuarenta minutos de trayecto en coche, ida y vuelta, era muchísimo tiempo. Pero después entendí que, en el mundo del patinaje, eso no es nada. Conozco chicos que viajan una hora y media todos los días desde otro estado para llegar a sus entrenamientos.
Así que, en realidad, nosotros tuvimos suerte.
Katrina: ¿Tu mamá tenía que obligarte a ir a los entrenamientos o eras de esas niñas que se motivan solas?
C.G.: Al principio todo era diversión: los vestidos bonitos, la música, las amigas. Me gustaba mucho y nadie tenía que obligarme.
Por supuesto, hubo períodos difíciles. No diría que mi mamá me obligaba; más bien me impulsaba y me apoyaba. Había días en los que realmente no quería ir a la pista. Pero no porque estuviera patinando por ella o porque me sintiera presionada.
Lo que pasaba era que estaba insatisfecha conmigo misma sobre el hielo y me enojaba por mis propios errores.

Katrina: ¿Y cómo superabas esos momentos? ¿Qué te ayudaba a seguir adelante?
C.G.: Normalmente hablaba con mi mamá. Ella siempre tenía una manera diferente de ver las cosas y eso me ayudaba mucho.
Me animaba, me hacía ver que la situación no era tan grave como parecía.
Lo más importante era seguir entrenando y no detenerse.
En el deporte siempre hay altibajos: a veces todo se vuelve muy difícil y otras veces sientes que avanzas rápidamente.
Hay que seguir adelante y confiar en el proceso. Al final, las cosas terminan saliendo bien.

Katrina: ¿Siempre has entrenado con entrenadores rusos? ¿Existe alguna diferencia entre los especialistas estadounidenses y los entrenadores de habla rusa?
C.G.: Sí, siempre he entrenado con entrenadores rusoparlantes.
Se les considera los mejores, y eso lo reconocen incluso en Estados Unidos. Son estrictos y muy exigentes. Pero eso es precisamente el deporte de alto rendimiento.
Yo tomé una decisión muy clara: si iba a dedicarme al patinaje artístico, quería aprender de los mejores.
Katrina: Describe un día normal de entrenamiento cuando te estás preparando para una competencia.
C.G.: Por la mañana lo primero que hago es tomar café; necesito despertarme.
Después voy a la pista para el calentamiento sobre hielo, que dura aproximadamente treinta minutos.Tras una pequeña pausa, tengo una sesión de una hora dedicada a los saltos y a trabajar los programas de competición.
Luego viene un descanso de aproximadamente hora y media, y después regreso a la pista para un entrenamiento de dos horas más: saltos, ejecuciones completas de los programas y trabajo técnico. Al terminar vuelvo a casa. A veces salgo a correr, hago estiramientos o entrenamiento físico con mi preparador.
En realidad, todo mi día gira de una u otra forma alrededor del patinaje.

Katrina: ¿Y cómo lograbas combinar ese ritmo con los estudios?
C.G.: Fue complicado.
Después de los entrenamientos llegaba muy cansada, pero aun así tenía que estudiar. Muchas veces debía obligarme a hacerlo. En Estados Unidos es prácticamente imposible combinar una escuela tradicional con el patinaje artístico de alto nivel.
Por ejemplo, los jugadores de fútbol suelen recibir condiciones especiales para entrenar y estudiar, pero los patinadores no. Por eso tuve que cambiar a la educación en casa.
No había otra opción. Para entrenar seriamente necesitas pasar varias horas al día sobre el hielo. Después de las tres de la tarde las pistas suelen llenarse de niños de distintos niveles y resulta difícil trabajar con intensidad. Si quieres progresar de verdad, la mejor alternativa es estudiar desde casa para poder entrenar por las mañanas, cuando hay menos gente y se puede aprovechar al máximo el tiempo en la pista.

Katrina: ¿Desde qué edad estudias en casa?
C.G.: Desde los doce años.
Por supuesto, mi mamá se aseguraba de que cumpliera con mis estudios y, en ocasiones, era bastante estricta. Pero yo misma entendía que era importante, porque siempre he querido ingresar a la universidad. Actualmente sigo estudiando en modalidad en línea.
Katrina: ¿Cómo imaginas tu futuro? ¿Cuál es tu principal objetivo en este momento?
C.G.: Ahora mismo quiero ver hasta dónde puedo llegar este año.
Mi objetivo es clasificar al Campeonato de los Cuatro Continentes y al Campeonato Mundial Juvenil. Pero al mismo tiempo intento disfrutar más del patinaje. Antes, cuando algo no me salía bien, pensaba inmediatamente: «Soy terrible». Ahora quiero estar más tranquila, salir al hielo y simplemente dar lo mejor de mí.

Katrina: ¿Qué país representas en las competiciones?
C.G.: Represento a México y compito en la categoría individual.

Katrina: ¿Cómo se encuentra actualmente el patinaje artístico en México?
C.G.: El nivel está creciendo poco a poco.
Aquí trabajan entrenadores de habla rusa que preparan a los deportistas para competencias internacionales. Además, de vez en cuando invitan a especialistas muy reconocidos. Por ejemplo, han visitado México Alexéi Mishin y Eteri Tutberidze. Eso ayuda muchísimo al desarrollo del patinaje. Muchas patinadoras mexicanas también entrenan en Estados Unidos. Algunas pasan allí todo el verano y otras al menos un mes durante el invierno.
Quienes realmente buscan resultados internacionales intentan adquirir experiencia fuera del país.

Katrina: ¿Es necesario comenzar a practicar patinaje artístico desde la infancia?
C.G.: Sí, definitivamente. Nunca he conocido a una chica que haya empezado a los quince años y haya dicho: «Quiero llegar a un Campeonato Mundial». Simplemente no sucede.
Con los chicos a veces es diferente. Ellos pueden comenzar más tarde porque atraviesan la pubertad de otra manera: desarrollan más fuerza muscular y eso incluso puede beneficiar su rendimiento. Para las mujeres suele ser más complicado. Cambian el peso, la estatura, el estado de ánimo. Muchas deportistas encuentran difícil superar esa etapa.
Por eso las niñas suelen comenzar antes y, en muchos casos, también terminan sus carreras antes, mientras que los hombres pueden mantenerse en competición durante más tiempo.
Katrina: ¿Cuál debe ser el peso ideal de una patinadora artística?
C.G.: Todo es muy individual. Algunas personas tienen una estructura ósea más grande, otras son más altas o tienen una musculatura más desarrollada.
Lo importante es controlar el peso de forma saludable y no llevar el cuerpo a extremos.
Se pueden comer postres y disfrutar de los alimentos que te gustan; simplemente hay que mantener el equilibrio y la moderación.

Katrina: Cuéntanos cómo es tu alimentación habitual durante el día. ¿Qué sueles comer?
C.G.: Lo primero que hago al despertar es pesarme.
No me gusta mucho desayunar, así que normalmente comienzo a comer a la hora del almuerzo. Si tengo hambre, como; si no, puedo saltarme una comida.
Intento que mi alimentación incluya frutas, proteínas y verduras. Y, por supuesto, a veces me permito comer chocolate. Me encanta.

Katrina: ¿El patinaje artístico es un deporte costoso?
C.G.: Sí, muchísimo.
La mayor parte de los gastos recae sobre las familias, porque encontrar patrocinadores es muy difícil.
Al final, inviertes porque amas este deporte y disfrutas practicarlo.
Cada año necesitas nuevos patines y cuchillas. También hay que renovar los vestuarios de competición, a veces incluso dos veces por temporada.
Además están las coreografías, los programas nuevos, los viajes a las competencias y muchas otras cosas.
Los gastos son enormes y normalmente todo sale del bolsillo de la propia familia.

Katrina: En Rusia, por ejemplo, los campeones olímpicos pueden recibir automóviles, departamentos u otros reconocimientos importantes. ¿Cómo es la situación en México?
C.G.: En Rusia el patinaje artístico es uno de los deportes más populares del país.
En México todavía no ha alcanzado ese nivel, aunque la federación está trabajando para impulsarlo. Lo que sí tienen las competencias mexicanas es una atmósfera increíble.
El público aplaude, anima a los deportistas, lanza flores y peluches al hielo. Es un ambiente muy cálido. Incluso diría que es más emocionante que en Estados Unidos, donde muchas veces las gradas no se llenan por completo. En México la gente realmente vive el patinaje artístico, y competir aquí es un placer. Sin embargo, el apoyo económico a los atletas sigue dependiendo principalmente de las familias y del esfuerzo personal de cada deportista. Mientras que en Rusia los integrantes de la selección nacional reciben apoyo económico, equipamiento y facilidades para continuar sus estudios, en México todo se sostiene gracias a la pasión y la perseverancia. Y quizá por eso cada logro tiene un valor especial: es el resultado del esfuerzo, la dedicación y el amor por este deporte.

Katrina: ¿Tienes ídolos o deportistas que te inspiren?
C.G.: Cuando era niña admiraba mucho a Javier Fernández por su carisma y expresividad sobre el hielo. Ahora me inspira especialmente Bradie Tennell.
Tiene 26 años y continúa compitiendo, cayéndose, levantándose y luchando por sus objetivos, cuando muchas patinadoras a esa edad ya se han retirado.Para mí es un ejemplo de fortaleza y perseverancia. También sigo otros deportes. Me gusta mucho la Fórmula 1 y mi piloto favorito es Max Verstappen. Y también disfruto el tenis. Mi tenista favorita es Aryna Sabalenka.

Katrina: ¿Cuáles son tus platillos favoritos?
C.G.: De la cocina mexicana, sin duda las quesadillas. Son sencillas, pero deliciosas.
Y de la cocina rusa, mis favoritas son las syrniki. Cuando viajábamos a competencias, siempre buscaba una tienda rusa para comprar una caja entera. A veces llevaba quince piezas conmigo a las concentraciones deportivas y me comía una cada día.

Katrina: ¿Qué consejo les darías a otras chicas que, como tú, sueñan con alcanzar el éxito, ya sea en el deporte o en cualquier otra profesión?
C.G.: Les diría que nunca se menosprecien.
Al final, la única persona que realmente puede ayudarte eres tú misma.
Cuando las cosas se ponen difíciles, lo importante es seguir avanzando.
Y también creo que no hay que prestar demasiada atención a lo que los demás dicen o piensan de ti. Si tú misma estás satisfecha con quien eres, entonces vas por el camino correcto. Y si hablan de ti, incluso de manera negativa, probablemente significa que ya has logrado destacar. Hay que aprender a quererse y a tratarse con más cariño.
Cuando haces eso, encuentras la fuerza para seguir adelante.
Журнал Катрина № 29 Октябрь 2025
Беседовала: Ксения Яхненко

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