Katrina: ¿Cómo comienza un día normal para ti en la granja?
M.N.: Nuestros gallos siempre se despiertan antes que todos y nos anuncian el inicio del día con su canto. Lo primero que hacemos es ir a atender a las aves; ellas desayunan antes que nosotros.
Es una gran responsabilidad. No importa en qué esté ocupada o cómo me sienta, las gallinas deben ser alimentadas a tiempo. Ellas no entienden de fines de semana ni de vacaciones, por lo que ahora mismo es prácticamente imposible ausentarse durante varios días. Pero vale completamente la pena. Cuando estoy entre ellas, siento una tranquilidad y una alegría difíciles de describir.
Katrina: ¿Qué es lo más difícil de este trabajo?
M.N.: Lo más difícil es no rendirse. Comprar una gallina es fácil, pero el verdadero desafío comienza después: hay que invertir tiempo y recursos, cuidarla y esperar hasta que empiece a poner huevos. A veces una ave se enferma o disminuye el número de clientes, y en esos momentos es fácil desanimarse. Pero la granja te enseña paciencia y perseverancia. Si continúas avanzando paso a paso, tarde o temprano el esfuerzo da frutos.
Katrina: ¿Hay alguna historia que recuerdes con especial cariño?
M.N.: Sí, varias, y son muy emotivas para mí. Mi primera gallina se llamaba Chanel. La dejaba pasear libremente por el patio y un día desapareció. La busqué durante horas, preocupadísima. Pero más tarde regresó sola, como si fuera un gato que conoce perfectamente el camino de vuelta a casa. También recuerdo a un pollito que enfermó gravemente. Hice todo lo posible por salvarlo, aunque el veterinario me recomendó sacrificarlo. No fui capaz de hacerlo. Y cuando finalmente murió, lloré muchísimo.
Katrina: ¿Todas tus gallinas tienen nombre?
M.N.: La primera se llamaba Chanel, y desde entonces ese nombre se volvió muy especial para mí. Ahora llamo Chanel a todas mis gallinas: Chanel número 1, Chanel número 2, Chanel número 100... Es bastante divertido. La verdad es que también es una forma de protegerme emocionalmente.Si le pusiera un nombre diferente a cada una, me encariñaría demasiado y luego me costaría mucho más separarme de ellas.