«Katrina»: historias sobre personas.

Oleg Khudiakov: «La música no es una profesión»
El talentoso músico Oleg Khudiakov visitó México en octubre y ofreció una serie de magníficos conciertos como solista. La revista «Katrina» no solo tuvo la oportunidad de asistir a uno de sus conciertos, sino también de entrevistarlo.
Ksenia: Oleg, he leído su biografía y me gustaría que nos contara un poco sobre usted. ¿Por qué eligió precisamente la música?
Oleg: No lo sé.

Ksenia: ¿Es su vocación? ¿Su familia lo impulsó a dedicarse a la música? ¿O quizá lo obligaron?
Oleg: La decisión se tomó, sin exagerar, cuando yo tenía apenas tres años. Nací en la ciudad de Sarov, en la región de Nizhni Nóvgorod (cabe mencionar que san Serafín de Sarov vivió en el monasterio de Sarov. Nota de la redacción). Un día, mi padre y yo pasábamos frente a una escuela de música y escuché música. Recuerdo muy bien ese momento. Señalé la escuela y le dije a mi padre: «Quiero ir ahí». Y, de alguna manera, todo empezó a darse por sí solo.
En mi familia no había músicos. Ninguno, a pesar de que somos cuatro hermanos y yo soy el menor. Primero estudié en la escuela de música de Sarov. Después, cuando tenía 13 años, nos mudamos a Moscú y me gradué de la Escuela Central de Música. Más tarde estudié en el Conservatorio y también concluí mis estudios de posgrado. Actualmente ya obtuve una segunda formación superior en dirección musical. Además, estudio en Basilea, Suiza, donde estoy cursando una maestría.

Ksenia: ¿Todavía sigue estudiando?
Oleg: Sí. Ya obtuve una maestría y ahora estoy trabajando en la segunda. Puedo decir que nunca tuve que elegir la música. La música me eligió a mí.

Ksenia: Si pudiera cambiarlo todo, ¿volvería a elegir la profesión de músico?
Oleg: Sí, sin duda volvería a elegir la música. Amo el arte. Cuando era niño, además de estudiar música, también jugaba futbol y podría haber sido portero, porque me gustaba estar en la portería. Una vez mi madre me preguntó qué profesión quería elegir y le respondí: «Por supuesto, la música».

Ksenia: ¿Y sus padres apoyaron su decisión? A menudo se les dice a los niños que la profesión de músico no deja mucho dinero.
Oleg: Sí, por supuesto. Ya no vivimos en el siglo XIX, cuando el padre de Chaikovski le dijo: «Ay, Petia, cambiaste la jurisprudencia por la música». El mundo ha cambiado.
Por supuesto, el dinero es importante, pero el arte y la música son mucho más importantes. La música nos da muchísimo; a través de ella podemos expresarnos. Muchos grandes músicos vivieron en la pobreza, pero eso no los detuvo. Y ni hablar de los grandes compositores, cuyas vidas fueron complejas y, en ocasiones, muy difíciles.
Por ejemplo, Arturo Benedetti Michelangeli vivió toda su vida endeudado, con deudas que él mismo generaba. Antes de salir al escenario podía decir: «Hoy no puedo tocar, no me siento en condiciones». Ese es un verdadero músico, un verdadero artista.

Actualmente, por desgracia, hay muchas personas que simplemente se dedican a ganar dinero. Tocan muchísimo. Ni siquiera les importa si la gente los conoce o no. Y ni siquiera se trata de la popularidad. Simplemente tocan, pero no transmiten nada, no aportan nada. Se limitan a ejercer una profesión.

La música no es una profesión.
Ksenia: ¿Entonces, qué es?
Oleg: La música es arte. Y el arte no es simplemente una profesión. Por supuesto, tiene aspectos técnicos que hay que dominar muy bien, pero es mucho más que un conjunto de habilidades. Por cierto, también podría haber sido cirujano; esa idea me atraía. Aunque creo que todavía es demasiado pronto para sacar conclusiones definitivas. Apenas estoy comenzando mi camino en la vida.

Ksenia: ¿Cómo surgió la oportunidad de venir de gira a México?
Oleg: Fue gracias a mi amigo Vladimir Petrov, uno de mis mejores amigos. Es pianista y músico. Estudiamos juntos en la Escuela Central de Música, con el mismo profesor, y después continuamos nuestros estudios en el Conservatorio. Nos conocemos desde hace 11 años. Un día me propuso: «¿No te gustaría dar un concierto en México?». Él organizó todo. Vladimir conoce a mucha gente.
Ksenia: ¿Qué sintió cuando recibió esa propuesta?
Oleg: Últimamente había pasado mucho tiempo acompañando a otros intérpretes y no había ofrecido tantos conciertos como solista. Me gustaba especialmente tocar música de cámara. Considero que si un pianista solista no es capaz de tocar música de cámara, hay algo que le falta. Realmente es muy importante.
Por supuesto, la propuesta me emocionó. Ahora, mientras estamos hablando, ya es mi séptima presentación en México. Me siento más seguro, más relajado.

Ksenia: ¿Qué impresión se ha llevado de México?
Oleg: Estoy muy contento de haber venido. Es un lugar muy interesante y completamente diferente de todo lo que había visto antes. Aquí descubrí una cultura nueva, una gastronomía diferente y personas con otra mentalidad. Es fascinante observar cómo distintas culturas perciben el mundo desde perspectivas diferentes.

Ksenia: ¿México es muy diferente de Suiza?
Oleg: Sí. Aunque estudio en Suiza, después de pasar tres meses ahí empiezo a extrañar Rusia y quiero regresar. La vida allá es estable. Todo es muy uniforme. Paso frente al mismo café, veo a las mismas personas, los mismos rostros, las mismas posturas. Los mismos gestos con las manos, las mismas expresiones faciales, incluso el café en el mismo vaso.
Es maravilloso, pero yo no puedo vivir sin esa sensación de amplitud, de grandeza. En cierto sentido, México se parece a Rusia.

Ksenia: En su opinión, además del talento, ¿qué cualidades debe tener ante todo un músico?
Oleg: Sin duda, además del talento, debe tener ciertas aptitudes. Como decía Beethoven: «10 % es talento y 90 % es sudor». También son importantes la intuición y el deseo de conocer y comprender el verdadero arte.
No creo que el objetivo deba ser ofrecer 150 conciertos. Tenemos una cantidad considerable de buenos músicos a quienes también hay que darles la oportunidad de presentarse. Pero ¿qué sucede? Eligen a un músico y lo llevan a todas partes. Eso ya deja de ser creación artística.

Ksenia: Se convierte en una industria, por así decirlo.
Oleg: Exactamente. Si su salud se lo permite, un músico puede ofrecer 200 conciertos al año. Pero eso se parece más a un deporte. No está creando nada con ello. Es simplemente entretenimiento para el público: «¡Guau! Da conciertos por todo el mundo, 250 al año, toca prácticamente todos los días».
Sí, existen músicos así, pero eso no es música según mi manera de entenderla. Soy muy firme y categórico en este aspecto.

Ksenia: ¿Hay compositores contemporáneos del siglo XXI cuyas obras le resulten interesantes?
Oleg: Hasta ahora no he encontrado nada del siglo XXI que realmente me interese. Hay compositores que intentan escribir música con el espíritu del siglo XIX, y algunos lo hacen bastante bien.
En Rusia, por ejemplo, está el compositor Efrem Podgaits. Eso sí es realmente continuar la tradición clásica. Es un compositor y un maestro del más alto nivel. Sabe cómo escribir música, como lo hacía Beethoven. Beethoven comprendía la estructura de la música.

Ksenia: ¿Y hay compositores que no le gusten?
Oleg: Esa pregunta no la voy a responder. (Ríe).
KATRINA | Edición № 9 | Noviembre 2023
Entrevista realizada por Ksenia Yakhnenko
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