Ksenia: Muy bien. Nuestro músico ya entendió que entrar al sistema mexicano de las grandes instituciones artísticas no será fácil. ¿Dónde más podría trabajar? ¿En restaurantes?
Vladimir: En restaurantes sí. Ahí se pueden ganar entre 500 y 2,000 pesos por hora. Depende de la suerte de cada quien.
Ksenia: ¿Y en México hay demanda de música en vivo en los restaurantes?
Vladimir: No es muy común que un restaurante contrate formalmente a un músico para tocar de manera habitual.
En los restaurantes de alto nivel, sí. El único problema es que no todos los músicos clásicos están dispuestos a tragarse el orgullo y tocar en restaurantes. Todo depende del tipo de música y de cómo plantees tu trabajo.
Si una persona llega aquí, tiene que venir con algo interesante que ofrecer. Para los músicos es más fácil; para los actores, más complicado. Ellos necesitan dominar el idioma.
Ksenia: ¿Y ser ruso representa alguna ventaja?
Vladimir: No. Antes, cuando existía la Cortina de Hierro, nosotros, los músicos rusos —o soviéticos—, valíamos nuestro peso en oro.
Los empresarios artísticos nos apreciaban mucho porque éramos excelentes artistas. Además, en aquella época solo se permitía salir al extranjero a los mejores, después de un proceso de selección muy riguroso.
Por otro lado, nosotros mismos fuimos cambiando esa situación. Llegábamos y enseñábamos. Compartíamos nuestros conocimientos. Y eso es maravilloso, pero hasta cierto punto. Cuando los músicos soviéticos viajaban al extranjero para participar en concursos, solían llevarse los primeros lugares.
Y eso no le gustaba a todo el mundo. Ahora la situación es diferente. El discurso ha cambiado: «¿Para qué necesitamos músicos rusos? Sí, ustedes tuvieron grandes músicos, pero nosotros queremos formar a los nuestros». Y, a su manera, tienen razón.
Ksenia: Entonces, ¿es una ilusión pensar que, por ser ruso, todas las puertas se van a abrir y te van a recibir con alfombra roja?
Vladimir: Desde hace mucho tiempo, en ningún lugar están esperando a nadie. No hay que contar con eso en absoluto. Diría además que no debemos olvidar que somos ciudadanos de un país que ha aportado una cultura única al mundo. Pero, por otro lado, tampoco hay que andar ondeando eso como una bandera y pensando que, por esa razón, todos nos deben algo.
Ksenia: ¿Y qué pasa con el mercado ruso aquí? Por ejemplo, ¿has tocado en muchas bodas rusas o mixtas?
Vladimir: Ni una sola vez.
Ksenia: ¿No hay demanda? Somos personas a las que nos gusta la cultura y la música. ¿Por qué no recurren a músicos rusos?
Vladimir: Déjame aclarar algo. Como músico colaboro con muchos artistas reconocidos de distintos géneros; ¡incluso tenemos premios Grammy en común! En México existe el concepto de “grupo versátil”. Son agrupaciones que se encargan de la música para todo tipo de eventos.
Las bodas son una de sus áreas principales. Me parece que nuestros compatriotas simplemente se relacionan poco entre sí y, por eso, no existe tanta demanda de este tipo de agrupaciones dentro de nuestra comunidad. En cambio, entre mexicanos y estadounidenses tienen muchísima demanda.
Ksenia: Pero me parece que ni siquiera buscan músicos entre los suyos para sus eventos. En general, el precio de un músico ruso y uno mexicano no es tan diferente. Entonces, ¿por qué no apoyar a los nuestros?
Vladimir: Y aquí llegamos a un tema muy importante. He observado mucho a personas procedentes de países con comunidades relativamente pequeñas: serbios, armenios, georgianos. Se apoyan unos a otros, están muy unidos. Y cuando se encuentran en el extranjero, realmente se alegran de verse.
Entre nosotros sucede algo diferente. La gente tiende a mantenerse a distancia y no siempre está dispuesta a entablar conversación. Tenemos una característica: solemos mirar muchas cosas con cierta desconfianza. Es una realidad.
Ksenia: ¿Quizá aquí todavía no tenemos una comunidad suficientemente grande?
Vladimir: Creo que simplemente no nos conocemos entre nosotros y nos comunicamos poco, por paradójico que resulte en la era de Internet.
Ksenia: Volvamos a nuestro músico. ¿Qué consejos le darías?
Vladimir: Primero, aprende el idioma. Segundo, relaciónate más con la gente y entiende que aquí no estás solo. A veces, quienes están a tu alrededor no son tus competidores, sino compañeros y colegas. Nuestro círculo —musical, teatral y artístico— es muy pequeño, así que no tiene ningún sentido deteriorar las relaciones.
Tercero, intégrate a la sociedad. Y, por último, disfruta del lugar en el que estás. Si no te gusta, vete. Prueba en otro lugar. Esto se puede aplicar a cualquier país y a cualquier persona.
Hay una película maravillosa, «Palermo Shooting», que incluye una escena en la que un fotógrafo conversa con la muerte.
La idea de esa escena es que las personas han dejado de valorar la vida y están permanentemente insatisfechas con todo. ¿Para qué viven? No queda claro. Y cuando llega el momento en que ya no pueden cambiar nada, se arrepienten.
Es una lección para todos nosotros: hay que disfrutar la vida y vivir con placer.