«Katrina»: Historias de personas

Vladimir Sagaydo.

Descifrando el sistema del mundo musical

Vladimir es un firme promotor de la cultura musical rusa y de su difusión entre el público. Desde hace muchos años se ha consolidado en el mundo de la música como un intérprete excepcional y versátil, especializado en la actividad concertística. Es profesor en prestigiosas universidades y representa a Rusia como director de orquesta en importantes festivales internacionales. Entre sus proyectos se encuentran estrenos mundiales de obras de compositores rusos contemporáneos.
Ksenia: Vivimos una época de mucha movilidad y a México llegan personas de profesiones muy distintas. Todos tienen la misma esperanza: establecerse y encontrar buenas oportunidades. Supongamos que llega un músico. ¿Qué tan realista es encontrar trabajo en México dentro de su profesión?
Vladimir: Todo depende de cómo se planteen las cosas. Hay artistas que por naturaleza son extraordinarios. Fascinan al público, son maravillosos, pero son completamente incapaces de organizarse. No tienen ninguna habilidad de gestión. Y entonces aparece ese profundo resentimiento: «Soy un genio, todos me deben algo, pero por alguna razón nada me funciona».
Y esto no ocurre solamente en México. Las tendencias actuales hacen que cada artista tenga que ser también su propio productor y hasta su propio contador. No es nada sencillo. Hay que darse de alta ante las autoridades fiscales y entender cómo funciona todo esto. México es precisamente un país de libre comercio y economía de mercado.

Ksenia: ¿Y la competencia?
Vladimir: Hoy en día la competencia no se da únicamente en términos de calidad, sino también de marketing. Importa la presentación del producto que ofreces. Si el producto es accesible para el público, ya sean espectadores u oyentes, y además resulta interesante, se venderá.
Cuando los músicos llegan a México, antes que nada deben prestar atención a varios factores, entre ellos el nivel cultural y educativo del público y sus gustos. Por desgracia, hoy en día vender salchichas y vender conciertos no es tan diferente como podría parecer.
Ksenia: Supongamos que nuestro músico es concertino del Teatro Bolshói. ¿Dónde podría trabajar aquí?
Vladimir: En ningún lado.

Ksenia: Es decir, ¿no podría simplemente llegar y conseguir un puesto como concertino en Bellas Artes?
Vladimir: No, no podría. El sistema funciona de la siguiente manera: primero tiene que abrirse una convocatoria para cubrir una plaza vacante. La convocatoria se realiza cuando la persona que ocupa determinado puesto se jubila, por alguna razón termina su contrato o, Dios no lo quiera, fallece.
También hay orquestas que trabajan por contrato y, en algunos estados, la rotación es más frecuente.

Ksenia: Supongamos que tuvo suerte y se abrió una convocatoria. ¿Nuestro músico inmigrante tendría posibilidades de obtener la plaza? ¿El hecho de no tener la nacionalidad mexicana influiría de alguna manera?
Vladimir: Es una muy buena pregunta. México, en este sentido, es un país bastante abierto, pero existen ciertas prioridades para los mexicanos. Y no creo que eso esté mal. Aunque para mí un artista, un músico, un intérprete, está más allá de su nacionalidad, color de piel o género.
Pero, sin duda, aquí se protege al músico mexicano. De lo contrario, si todo fuera completamente abierto, quizá simplemente no se formarían grandes violinistas o violonchelistas mexicanos. La cultura de los concursos ha sido muy popular en Estados Unidos y, en cierta medida, en Europa. Aquí se percibe de otra manera. Si en una audición hay que elegir entre un extranjero y un mexicano, naturalmente se dará preferencia al mexicano.

Ksenia: No es racismo. Es apoyar a los propios músicos nacionales.
Vladimir: Al principio yo también me indignaba, pero después terminé aceptándolo.
¿Cuántos extranjeros has visto en las orquestas rusas? Prácticamente ninguno. Apenas unos cuantos.
Es un sistema ya establecido. Nosotros tenemos una forma un poco diferente de relacionarnos laboralmente con los músicos. No puedo decir si es mejor o peor, simplemente es diferente. En muchas agrupaciones se firman contratos principalmente por un año. Y al terminar ese año pueden prescindir de ti, no porque seas un mal músico, sino simplemente porque decidieron hacerlo así: quieren sangre nueva. Y ese es su problema.
En México, mientras una persona no quiera dejar su puesto, no la despiden. O, por lo menos, tendría que ocurrir algo extraordinario para que sucediera.

Ksenia: ¿Los protegen los sindicatos?
Vladimir: Sí, por supuesto. En algunas agrupaciones, incluso desde la etapa en que se presentan las solicitudes para ocupar una plaza. Aquí no sucede que llegue una persona nueva y diga: «Bien, despido a todos y formo una orquesta nueva». Eso sí puede ocurrir en lugares donde se trabaja mediante contratos, como en Rusia, Reino Unido o Estados Unidos.
La situación es que todos tenemos que esperar hasta que quede libre una plaza. Y aun así, si al evaluar a los candidatos hay un empate en la puntuación, se dará preferencia al candidato mexicano. En algunas orquestas incluso existe un porcentaje determinado de extranjeros que pueden formar parte de la plantilla.
Ksenia: Muy bien. Nuestro músico ya entendió que entrar al sistema mexicano de las grandes instituciones artísticas no será fácil. ¿Dónde más podría trabajar? ¿En restaurantes?
Vladimir: En restaurantes sí. Ahí se pueden ganar entre 500 y 2,000 pesos por hora. Depende de la suerte de cada quien.

Ksenia: ¿Y en México hay demanda de música en vivo en los restaurantes?
Vladimir: No es muy común que un restaurante contrate formalmente a un músico para tocar de manera habitual.
En los restaurantes de alto nivel, sí. El único problema es que no todos los músicos clásicos están dispuestos a tragarse el orgullo y tocar en restaurantes. Todo depende del tipo de música y de cómo plantees tu trabajo.
Si una persona llega aquí, tiene que venir con algo interesante que ofrecer. Para los músicos es más fácil; para los actores, más complicado. Ellos necesitan dominar el idioma.

Ksenia: ¿Y ser ruso representa alguna ventaja?
Vladimir: No. Antes, cuando existía la Cortina de Hierro, nosotros, los músicos rusos —o soviéticos—, valíamos nuestro peso en oro.
Los empresarios artísticos nos apreciaban mucho porque éramos excelentes artistas. Además, en aquella época solo se permitía salir al extranjero a los mejores, después de un proceso de selección muy riguroso.
Por otro lado, nosotros mismos fuimos cambiando esa situación. Llegábamos y enseñábamos. Compartíamos nuestros conocimientos. Y eso es maravilloso, pero hasta cierto punto. Cuando los músicos soviéticos viajaban al extranjero para participar en concursos, solían llevarse los primeros lugares.
Y eso no le gustaba a todo el mundo. Ahora la situación es diferente. El discurso ha cambiado: «¿Para qué necesitamos músicos rusos? Sí, ustedes tuvieron grandes músicos, pero nosotros queremos formar a los nuestros». Y, a su manera, tienen razón.

Ksenia: Entonces, ¿es una ilusión pensar que, por ser ruso, todas las puertas se van a abrir y te van a recibir con alfombra roja?
Vladimir: Desde hace mucho tiempo, en ningún lugar están esperando a nadie. No hay que contar con eso en absoluto. Diría además que no debemos olvidar que somos ciudadanos de un país que ha aportado una cultura única al mundo. Pero, por otro lado, tampoco hay que andar ondeando eso como una bandera y pensando que, por esa razón, todos nos deben algo.

Ksenia: ¿Y qué pasa con el mercado ruso aquí? Por ejemplo, ¿has tocado en muchas bodas rusas o mixtas?
Vladimir: Ni una sola vez.

Ksenia: ¿No hay demanda? Somos personas a las que nos gusta la cultura y la música. ¿Por qué no recurren a músicos rusos?
Vladimir: Déjame aclarar algo. Como músico colaboro con muchos artistas reconocidos de distintos géneros; ¡incluso tenemos premios Grammy en común! En México existe el concepto de “grupo versátil”. Son agrupaciones que se encargan de la música para todo tipo de eventos.
Las bodas son una de sus áreas principales. Me parece que nuestros compatriotas simplemente se relacionan poco entre sí y, por eso, no existe tanta demanda de este tipo de agrupaciones dentro de nuestra comunidad. En cambio, entre mexicanos y estadounidenses tienen muchísima demanda.

Ksenia: Pero me parece que ni siquiera buscan músicos entre los suyos para sus eventos. En general, el precio de un músico ruso y uno mexicano no es tan diferente. Entonces, ¿por qué no apoyar a los nuestros?
Vladimir: Y aquí llegamos a un tema muy importante. He observado mucho a personas procedentes de países con comunidades relativamente pequeñas: serbios, armenios, georgianos. Se apoyan unos a otros, están muy unidos. Y cuando se encuentran en el extranjero, realmente se alegran de verse.
Entre nosotros sucede algo diferente. La gente tiende a mantenerse a distancia y no siempre está dispuesta a entablar conversación. Tenemos una característica: solemos mirar muchas cosas con cierta desconfianza. Es una realidad.

Ksenia: ¿Quizá aquí todavía no tenemos una comunidad suficientemente grande?
Vladimir: Creo que simplemente no nos conocemos entre nosotros y nos comunicamos poco, por paradójico que resulte en la era de Internet.

Ksenia: Volvamos a nuestro músico. ¿Qué consejos le darías?
Vladimir: Primero, aprende el idioma. Segundo, relaciónate más con la gente y entiende que aquí no estás solo. A veces, quienes están a tu alrededor no son tus competidores, sino compañeros y colegas. Nuestro círculo —musical, teatral y artístico— es muy pequeño, así que no tiene ningún sentido deteriorar las relaciones.
Tercero, intégrate a la sociedad. Y, por último, disfruta del lugar en el que estás. Si no te gusta, vete. Prueba en otro lugar. Esto se puede aplicar a cualquier país y a cualquier persona.
Hay una película maravillosa, «Palermo Shooting», que incluye una escena en la que un fotógrafo conversa con la muerte.
La idea de esa escena es que las personas han dejado de valorar la vida y están permanentemente insatisfechas con todo. ¿Para qué viven? No queda claro. Y cuando llega el momento en que ya no pueden cambiar nada, se arrepienten.
Es una lección para todos nosotros: hay que disfrutar la vida y vivir con placer.
Revista Katrina № 1 Marzo de 2023
Entrevista realizada por Ksenia Yakhnenko
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