«Katrina»: Historias de personas

Yana Geraskina
Una mirada sincera al ballet en México
Yana Geraskina es bailarina de ballet. Trabajó en el Conjunto Aleksándrov, en el Conjunto de las Fuerzas Aéreas y en el Conjunto del Distrito Militar de Moscú. Es egresada de GITIS, donde se formó como directora de coreografía y coreógrafa.
Vive en México desde 1996. Es maestra y coreógrafa, fundadora de la compañía «Ballet Clásico del Estado de México», de la que fue directora artística durante 12 años.
¿Cómo llegaste a México?

Yana: Me invitó Serguéi Sokolov, quien había sido compañero mío de estudios y también colega en el Conjunto del Distrito Militar de Moscú. En aquel momento se estaba abriendo una escuela privada de ballet en México y él me propuso venir para impartir un curso de tres meses y entrenar a la hija del director de la escuela.
En aquella época yo vivía en Moscú, en un departamento comunitario. 1996 no fue el mejor momento para Rusia. No nos pagaban los sueldos. Mi mamá y mi abuela me apoyaron, y viajé a México por tres meses. Llegué a Toluca. Trabajé y vi que aquí pagaban bien y puntualmente. Me propusieron continuar colaborando. Fue un momento decisivo en mi vida.
Me dolió muchísimo dejar los escenarios. Entendía que enseñar a niños no era exactamente lo que yo quería hacer. Tenía 24 años y quería bailar. Analicé la situación con calma y me pregunté: «¿Qué será mejor para mi hijo?». Decidí que lo mejor para él era quedarse aquí.

¿Ser bailarina profesional y, al mismo tiempo, dar clases en una escuela son actividades incompatibles?

Yana: Es posible combinar ambas cosas, pero en la práctica es muy difícil. Las giras y los horarios de las funciones ocupan muchísimo tiempo. La enseñanza exige una dedicación total a los alumnos.

¿Cómo llegaste a trabajar en una escuela pública de ballet?

Yana: Me invitó una compatriota que ya llevaba varios años viviendo en México. Sabía que yo era bailarina rusa y prácticamente me llevó de la mano hasta allí. Hasta el día de hoy le estoy muy agradecida.
En 2007 fundé una compañía que se llamaba «Ballet Clásico del Estado de México». Actualmente tiene otro nombre y a mí, como suele decirse, me «hicieron a un lado».

¿Tuviste dificultades en tus relaciones dentro de la compañía?

Yana: Todos sonríen amablemente. Nadie te dice nada directamente a la cara. Pero yo era diferente. No puedo decir que me quisieran precisamente por eso. Viví situaciones de todo tipo. A veces mi franqueza no gustaba. Es muy difícil trabajar aquí. Siempre eres extranjero, sin importar cuántos años lleves viviendo en México.

¿Qué otras dificultades existen en la enseñanza?

Yana: Los padres. Muchos consideran que, como han pagado, su hija tiene que convertirse obligatoriamente en solista. Y puedes tener a veinte niñas así en un mismo grupo.

Y todas son solistas.

Yana: Sí, exactamente. Debido a ciertas particularidades del enfoque educativo en México, los niños suelen tener poca disciplina y poca disposición para el trabajo constante. A menudo me hacían comentarios porque consideraban que yo era una maestra demasiado estricta. Y yo me preguntaba: «¿Por qué?». No les grito a los niños, intento adaptarme al sistema y a las costumbres locales.
Resultó que el problema era que yo no les decía cosas como «mi amor», «mi cielo», «mi corazón». Pero esa no es mi función. Para eso están la casa y los padres.

¿Dónde está el límite entre la dureza y la disciplina? ¿Es posible convertirse en primera bailarina con un trato más suave?

Yana: Considero que con un trato demasiado suave es imposible llegar a ser primera bailarina, porque el ballet no es solo talento y aptitudes, sino también disciplina y capacidad de trabajo. La frontera entre la dureza y la disciplina es muy fina y difícil de encontrar.
Sin embargo, la experiencia centenaria del ballet ruso ha demostrado que nuestro sistema es muy funcional. Por supuesto, estoy en contra de insultar a los niños o humillar su dignidad. Pero, por ejemplo, si un niño baja el codo, puedo darle un pequeño toque para que sienta cómo debe colocarlo correctamente. Para mí, eso no es violencia física, sino disciplina corporal. El niño puede no percibir el error y, por lo tanto, no recordar la posición correcta. Es difícil explicarlo únicamente con palabras; por eso es necesario ayudarle a sentir físicamente la postura adecuada.

Supongamos que una bailarina llega a México. Todavía está en activo y en buena forma. ¿Dónde puede buscar trabajo?

Yana: Cada año se realizan audiciones en el Taller Coreográfico de la UNAM. Ahí tienen una línea contemporánea, y también está el ballet nacional de Bellas Artes.
¿Aquí las bailarinas reciben un sueldo?

Yana: Sí, aquí se trabaja por contrato.

¿Hasta qué edad pueden seguir bailando profesionalmente?

Yana: Hoy en día ya no existe aquello de mantenerte hasta los 40 años, como ocurría en la Unión Soviética, aunque solo salieras al escenario cargando una lanza o con un halcón. Si ya no cumples con los requisitos y se termina tu contrato, se acabó.

¿Y si una bailarina ya no baila o ya no está en forma, qué opciones tiene?

Yana: Hay varias posibilidades. Puede abrir su propia escuela privada de danza o trabajar como maestra en alguna institución educativa ya existente. Están, por ejemplo, la Escuela Mexicana de Danza en Coyoacán, el Centro Nacional de las Artes y Ollin Yoliztli.

¿El sueldo de una maestra de ballet es suficiente para vivir?

Yana: Sí, alcanza para vivir, salir de vacaciones de vez en cuando e incluso comprar un automóvil de gama económica.

¿Es posible empezar a estudiar ballet y bailar, por ejemplo, a los 30 años?

Yana: Actualmente existe la teoría de que cualquier persona puede aprender a bailar a cualquier edad.

¿Qué opinas de esa teoría?

Yana: Si una persona practica ballet para sí misma y no pretende subir a un escenario, está en todo su derecho. Sin embargo, si planea presentarse ante el público, ya tengo mis dudas. Bailar se puede; verlo es otra cosa.

¿Y qué posibilidades tienen los extranjeros de bailar en una compañía de ballet? ¿O de enseñar?

Yana: Entre los extranjeros predominan los cubanos. Durante la formación del ballet nacional mexicano, los cubanos y su escuela estuvieron presentes desde sus inicios. Ellos consideran que el ballet nació en Cuba. Cuando llegué aquí y escuché eso, me sorprendió muchísimo. Entonces, ¿dónde quedaron Jean-Georges Noverre y todos los siglos de tradición del ballet?

¿En qué se diferencian las escuelas cubana y rusa de ballet?

Yana: Se diferencian en los estilos, los nombres de las posiciones y las estructuras. La escuela cubana fue desarrollada teniendo en cuenta las características físicas de los latinoamericanos y se adapta mejor a ellos. Su sistema de formación de bailarines de ballet es muy particular y funcional.

¿Qué les desearías a los jóvenes artistas que llegan a México?

Yana: Les desearía éxito y buena suerte. La suerte desempeña un papel muy importante a la hora de alcanzar nuestros objetivos. Como es sabido, la famosa bailarina francesa Sylvie Guillem fue una de las últimas integrantes del cuerpo de baile, pero, gracias a una afortunada casualidad, Nureyev se fijó en ella y su vida cambió.
También les aconsejaría aprender español, porque puede influir mucho en su carrera dentro del ballet en México. Si eres extranjero y no hablas el idioma, las posibilidades de tener éxito son prácticamente inexistentes.
Revista Katrina № 2 — Abril de 2023
Entrevista realizada por Ksenia Yakhnenko
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