Los niños se dividen en equipos. Chicos que no se conocían se sientan juntos alrededor de una mesa y, apenas una hora después, ya forman un grupo unido, con su propia estrategia, sus reglas y un objetivo común.
Aquí no hay perdedores. Cada equipo construye su propia estrategia y llega a un resultado, aunque lo haga por un camino diferente.
Alrededor de la mesa se reproduce, en miniatura, una auténtica versión de la vida real:
- cómo funciona el mercado;
- cómo operan los impuestos;
- cómo llegar a acuerdos cuando todos tienen intereses distintos;
- cómo pensar no solo en el beneficio propio, sino también en los intereses del equipo;
- cómo una sola decisión puede desencadenar toda una serie de consecuencias.
Nada de esto se explica únicamente con teoría.
Se vive.Por eso, después del juego, los niños no dicen: “aprendí qué son los impuestos”, sino:
“entendí cómo funciona”.
Y esa diferencia es fundamental.