El kokóshnik ruso no es solo un tocado. Es un signo de estatus, un símbolo de la fuerza femenina y un objeto cuyo valor, en muchos casos, superaba al de una casa entera. En la Rusia prerrevolucionaria, un kokóshnik lujoso podía costar entre 2 000 y 7 000 rublos de plata, una suma equiparable a una fortuna. Por eso las mujeres casadas lo usaban apenas una o dos veces al año y luego lo guardaban con extremo cuidado, transmitiéndolo como herencia de madre a hija.
Adornados con perlas, hilos de oro y piedras preciosas, los kokóshniks eran auténticas joyas. No se trataba de moda en el sentido moderno, sino de una inversión, una reliquia y un amuleto a la vez. El kokóshnik es un antiguo tocado ruso con forma de cresta, media luna o escudo redondeado que enmarca la cabeza. Se conoce desde la época de la Rus antigua, aunque el momento exacto de su apari- ción sigue siendo incierto. Los arqueólogos encuentran prototipos — tocados rígidos y ajustados a la cabeza — ya en enterramientos de Nóvgorod de los siglos X al XII.
El término «kokóshnik» aparece por primera vez en fuentes escritas del siglo XVI. Generalmente se lo vincula con la palabra kokósh galina clueca—, símbolo de fertilidad y de la energía femenina protegida. Existe también una versión más poética que lo relaciona con la palabra cuco, lo que añade otra capa simbólica a su significado.
En la Rusia anterior a Pedro Primero, el kokóshnik era un verdadero portador de información. Por su forma, ornamentación y técnica de decoración se podía identificar la región, el estado civil de la mujer e incluso su edad.