EL BRILLO MÁGICO DE LA JOJLOMÁ
La vajilla con brillantes adornos dorados es un símbolo de Rusia al igual que el samovar o la matrioshka. Pero ¿de dónde surgió el jojlomá, cómo se ex- plica su resplandor mágico y por qué sigue despertando admiración en todo el mundo?
Jojlomá es una pintura decorativa sobre madera, fácilmente reconocible por sus intensos tonos rojos, negros y dorados. Lo más sorprendente es que no contiene oro real. El secreto de su brillo radica en una fina capa de polvo de estaño: al ser cocido adquiere un tono dorado cálido y convierte una simple cuchara de madera en una obra de
arte.
La historia de la jojlomá se remonta al siglo XVII. En los remotos pueblos más allá del Volga, los artesanos buscaban nuevas formas de ganarse la vida: las tierras forestales estaban devastadas y la gente necesitaba sobrevivir. Algunos eran torneros que fabricaban utensilios, otros eran hábiles iconógrafos que
dominaban las técnicas de dorado. Estas tradiciones se unieron y nació una pintura que con el tiempo se haría famosa en todo el mundo.
La versión más hermosa y conmovedora sobre el origen de la jojlomá está vinculada al nombre del pintor de iconos Andréi Loskut. Vivió en tiempos de las reformas eclesiásticas, cuando muchos maestros y creyentes se refugiaban en la región del Transvolga para escapar de las persecuciones. Loskut era un hombre talentoso: pintaba iconos, decoraba libros y dominaba antiguos métodos de dorado. Pero su arte estuvo bajo amenaza. Según la leyenda, alguien lo delató y los soldados fueron enviados a por él. Para no caer en manos de sus perseguidores, Andréi Loskut se prendió fuego, pero antes de morir alcanzó a dejar en herencia a su pueblo la
misión de continuar su obra y guardar los secretos del oficio. Por eso, la jojlomá se percibe no solo como una decoración, sino también como un símbolo de firmeza, fuerza espi- ritual y fidelidad a la tradición.
El nombre del oficio no proviene de su lugar de nacimiento, sino del mercado: fue en el pueblo de Jojlomá donde se vendían los artículos pintados que traían de las aldeas cercanas. La feria ayudó a que el arte se difundiera rápidamente. La proximidad al Volga abría rutas comerciales —desde la India y Asia Central hasta Europa a través de Arcángel. En el siglo XIX llegó su verdadero auge. Se puso de moda el «estilo ruso» y la vajilla pintada se presentó por primera vez en Moscú en la Exposición Nacional de 1853, y unas décadas más tarde en París, donde la jojlomá obtuvo el Gran Premio. Desde ese momento, las cucharas y copas doradas se ganaron el cariño tanto en Europa como en Asia y América.
Con el desarrollo del ferrocarril, la jojlomá encontró un nuevo hogar en la ciudad de Semiónov. Allí surgieron cooperativas y más tarde la fábrica Pintura de Jojlomá. Durante la época soviética, los artículos se exportaban por miles: desde cucharas de recuerdo hasta grandes paneles decorativos.
Hoy Semiónov es conocido como la «segunda patria» de la jojlomá. Allí se celebra el Festival Nacional «Jojlomá Dorada», funcionan talleres e inclu-so instituciones educativas que forman a nuevos artistas.
Журнал "Катрина" №30
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