La cuna de este arte popular es la aldea de Dýmkovo, cerca de Viatka, en la región
de Kírov. Su nombre no es casual: proviene del humo que se elevaba de los numerosos hornos donde, desde hace siglos, los alfareros cocían sus vasijas.
En otros tiempos, Dýmkovo era un asentamiento artesanal, donde
cada familia dominaba su propio oficio. La gente modelaba, cocía, blanqueaba y pintaba las figurillas a mano. La arcilla, rojiza y tibia al tacto, se obtenía en la región. Tras la cocción, se cubría con una capa blanca preparada con leche, para lograr una superficie lisa y brillan-
te. Luego venían los pinceles, los colores, los dibujos y la imaginación.
Los orígenes de la tradición de Dýmkovo se remontan a una antigua fiesta popular llamada Svistopliaska —la celebración de la primavera, de la renovación y del adiós al invierno. Los preparativos comenzaban en invierno: se moldeaban silbatos en forma de aves, animales o personas, que se decoraban con colores vivos.
Cuando la nieve empezaba a derretirse, los habitantes subían a las murallas de la ciudad y silbaban con fuerza: en ese sonido había purifcación, alegría y esperanza. Se creía que los silbidos espantaban las enfermedades, el frío y los malos espíritus. Cada figura tenía su propio significado: el oso otorgaba fuerza, la vaca —prosperidad, el pajarillo — paz y armonía en el hogar. Cuanto más alegre y sonoro era el silbido, más abundante sería el año.